ORACIÓN
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Cuando
se le pregunta al monje acerca de la oración, no tendrá mucho
que decir. ¿Cómo describir el aire que se respira? ¿Qué color
tiene el agua que se saca del manantial? La elevación del
corazón a Dios es el acto más humano que hay y, por eso, es algo
sencillo, transparente, raíz de todo lo demás, lo que no
contradice el hecho de que pueda ser seca o sin satisfacción
inmediata. |
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Exteriormente, hay tres maneras o momentos principales en los que el
monje abre el corazón a Dios: la oración comunitaria, es decir,
la Liturgia de la Iglesia; la lectio divina, o lectura orante de
la Biblia; y la oración continua a lo largo de la jornada, que
lleva a cabo el contenido, las gracias, de la Liturgia y de la lectio.
El hermano aprende a cambiar de una forma de orar a otra, con libertad
de espíritu, según el horario y las actividades de la comunidad.
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La LITURGIA es la
gran oración de la Iglesia. Consta de la celebración eucarística
(Misa) y la Liturgia de las Horas (Oficio divino). San Benito en
su Regla la llama la "Obra de Dios", en la que el monje escucha
varias veces por día la Palabra de Dios, la medita durante el
canto de los salmos, ofrece el sacrificio de alabanza, recibe en
la misa el Cuerpo y la Sangre de Cristo y aprende unir su vida
entera a la de Jesús. Aprende encontrar a Cristo y a la Iglesia
en toda la Historia de la salvación y sigue los pasos de la vida
de su Señor en las fiestas y estaciones del año litúrgico. |
La segunda forma de
oración es la LECTURA ORANTE: la meditación amorosa de la Palabra de
Dios. Puesto que es expresión de su amor, conduce a la oración
silenciosa, a una actitud interior de adoración en la que el monje
dialoga con su Señor de corazón a corazón.
| La tercera forma
de oración es el RECUERDO CONSTANTE de la presencia de Dios, día
y noche. Es un fruto precioso del diálogo interior con Jesús en
la lectio divina y en la liturgia. Con el tiempo y con la
acción misericordiosa del Espíritu Santo, el corazón del monje
se purifica, las distracciones se debilitan y la imagen de Dios
se fortalece en el alma y en el cuerpo. Su vida se hace oración.
Nada ni nadie puede quitarle la paz: el gozo secreto de estar
con su Señor. Los visitantes al monasterio se dan cuenta de
ello. |
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